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Los 3 tipos de actividades físicas que debes combinar

Una actividad física completa pasa por la combinación regular de ejercicios cardiovasculares o de alta intensidad, de fuerza y resistencia, así como de flexibilidad o de corrección postural. Enmárcalos dentro de un estilo de vida activo, en el que también des espacio a caminar, a bailar y a moverte vigorosamente.

Cardio o alta intensidad
Probablemente, es el primero que te ha venido a la cabeza, ya que también es el que más se ha promocionado tradicionalmente desde la mayoría de guías de salud pública, y a pesar de no ser el más completo.

También conocido como ejercicio aeróbico, tiene como objetivo principal estimular el sistema cardiorrespiratorio, es decir, mejorar la salud del corazón y el funcionamiento de los pulmones, por eso es el que más oxígeno nos pide y el que más acelera el ritmo de nuestras pulsaciones. Correr, saltar, nadar, patinar o ir en bici son ejemplos de la multitud de ejercicios cardiovasculares que existen y que consisten en trabajar grandes grupos musculares a la vez, de forma rítmica y repetitiva.


Dentro de este grupo, el running podría considerarse el ejercicio de alta intensidad más estable, mientras que el HIIT (entrenamiento de intervalos de alta intensidad), el más completo, al incluir también ejercicios de fuerza y resistencia.

Fuerza y resistencia
Puede que no lo sepas, pero el entrenamiento de fuerza es el más efectivo a la hora de quemar grasa, adelgazar y moldear nuestro cuerpo. De hecho, es muy recomendable también para mujeres de todas las edades ya que previene la pérdida de masa muscular que se acelera con el paso de los años, incrementa la fuerza y la masa muscular y tiene un impacto muy beneficioso sobre el sistema músculo-esquelético.

Entre sus múltiples beneficios pues, destacan la prevención del envejecimiento, de la osteoporosis, la artrosis y las fracturas óseas, además de reducir el dolor de espalda y de articulaciones y de mejorar la composición corporal, así como la movilidad articular y la flexibilidad.


Recuerda que no es necesario hacer largos circuitos de máquinas y levantar grandes pesos en el gimnasio, ya que trabajar con pequeñas mancuernas como las pesas rusas o kettlebell o con el peso de tu propio cuerpo es más que suficiente para entrenar la fuerza y la resistencia.

Baja intensidad o posturales
En el tercer grupo, encontramos todos aquellos ejercicios de baja intensidad que ponen la atención en la postura, como el pilates, el yoga, el barre, el taichí, el chi kung, los estiramientos o la reeducación postural.

Con ellos, trabajamos la flexibilidad, controlamos la respiración y favorecemos la unión entre el cuerpo y la mente, además de fortalecer y oxigenar el cuerpo, entre muchos otros beneficios. Y, aunque es innegable que se trata de actividades muy provechosas para nuestra salud a distintos niveles, no deberían constituir nuestra única actividad física semanal o mensual.


Como conclusión, aunque debes priorizar el ejercicio que más te guste y disfrutes, puesto que esta es la clave de la motivación y de la constancia, conviene que incluyas en tu rutina trabajos regulares de estos tres tipos distintos de entrenamiento, con el fin de realizar una actividad lo más completa posible con la que conseguirás los mejores resultados.

Fuente: www.objetivobienestar.com

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