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Así es el imperio deportivo, de la moda y del entretenimiento que ha forjado Bad Bunny

Son las 23:30 del 12 de octubre y el Coliseo José Miguel Agrelot en San Juan, Puerto Rico, está repleto. Más de 16,000 superfans se han reunido para convertirse en las primeras personas del planeta en escuchar el nuevo álbum de Bad Bunny en su ciudad natal. Nadie sabe qué va a pasar.

Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido como Bad Bunny, es un artista multidimensional cuyos cuatro anteriores álbumes incorpora diversos ritmos, como el hip-hop, reggaeton, pop latino, trap puertorriqueño y la música mexicana. La multitud reunida esta noche refleja ese amplio espectro musical: cientos están vestidos con camisetas blancas y gorras azules como en su canción “Un Preview.” Otros lucen los sombreros de vaquero de “Where She Goes”. Muchos simplemente usan unas orejas de conejo.

“Yo escuchaba mucha salsa por parte de mi pai’, muchas baladas y merengue por parte de mi mamá. Pero siendo un niño de los 90, obviamente quería escuchar el reguetón y el rap también”, dice Bad Bunny en una entrevista con Forbes en su español nativo. «Hay muchos artistas de diferentes géneros, países y épocas que siento que están dentro de mí”.

Si hay una constante en este joven de 29 años, es que todo lo que crea se convierte en un éxito mundial. Durante los últimos tres años, este miembro de la lista Forbes 30 Under 30 del 2019 ha sido el artista más exitoso en Spotify con 35,9 mil millones de reproducciones. Su canal de YouTube ha atraído más de 32 mil millones de visitas, más que las de Justin Bieber, Ed Sheeran y, sí, Taylor Swift. El puertoriqueño ha ganado tres premios Grammy y 11 Latin Grammys. En abril, hizo historia como el primer artista de habla hispana en encabezar el festival de música Coachella.

lo ha hecho todo cantando solamente en español. “El español es parte de mí, es parte de mi ADN”, afirma el cantante. “Me gusta, donde quiera que voy, llevarlo y hablarlo. No porque quiero implantarlo, si no porque eso es lo que soy”.

El mundo de habla hispana lo ha hecho extremadamente rico. El año pasado, Bad Bunny ganó aproximadamente $88 millones (sin contar impuestos) en giras mundiales, miles de millones de reproducciones y contratos con marcas de alto perfil con empresas como Adidas y Corona. Sus logros fueron suficientes para debutar en el último plazo de los 10 artistas mejor pagados.

“No se trata del dinero todo el tiempo,” dice Bad Bunny sobre cómo elige socios. «Se trata de cuánto me gusta la marca y cuánto van a respetar mi creatividad”.

De vuelta en la arena, el público explota cuando Bad Bunny desciende del techo sobre un Rolls-Royce Silver Shadow.

Esta noche, el músico viste un traje de color borgoña con una camisa blanca, los botones abiertos hasta la mitad. Su rostro está cubierto por una máscara parecida a la de Spiderman, pero negra con ojos rojos brillantes. «Soy bien tímido para poner canciones nuevas que no han salido todavía”, dice el boricua. Presiona reproducir en su iPhone y “El Choli,” el local del concierto de lanzamiento de su nuevo álbum, Nadie Sabe lo que va a Pasar Mañana, Bestalla.

A pesar de no saber las letras, la multitud grita y baila con las nuevas pistas. Bad Bunny no canta, salvo por dos canciones del álbum que lanzó a principios de año. Su rostro permanece oculto hasta que el reloj pasa la medianoche, cuando se quita la máscara para revelar su nuevo corte de pelo, que, al igual que el nuevo álbum, rinde homenaje a su época trap que lo llevó por primera vez a la fama mundial.

Bad Bunny es el arquetipo del ídolo del pop moderno: un artista global que aprovecha el vasto alcance de los servicios de streaming y las redes sociales para ofrecer, lo que alguna vez fue música regional, a miles de millones de oyentes. “Él está inmerso en el núcleo de la cultura como nadie más», dice Jeremy Erlich, director de música de Spotify, «Está definiendo que llega a ser parte de la cultura popular”.

El streaming está acercando al mundo: en los últimos cinco años, las reproducciones de la música latina han aumentado un 170%, según Spotify, un género que (junto con otros estilos, incluyendo a los afrobeats de África occidental y el K-pop) ha enganchado a cientos de millones de nuevos oyentes gracias a memes virales en Instagram y TikTok y servicios de streaming como Spotify, Pandora y Apple Music. Erlich de Spotify dice: “La época del dominio anglosajón en la música se está rompiendo a un ritmo de locos”.

Bad Bunny no se ha limitado a la música. A principios de este año, apareció en la película Casandro de Amazon PrimeEn octubre se presentó en Saturday Night Live como presentador e invitado musicalUna versión digital del “Conejo Malo” golpea al cuerpo de sus oponentes en el videojuego de la exitosa liga lucha libre – WWE 2k23. Todo ello en un año que había declarado su año de descanso.

Su versatilidad le permite ir del escenario de la lucha libre a la esfera de la alta costura italiana. Este otoño, apareció en anuncios de Gucci promocionando la línea de equipaje de lujo “Savoy” junto a la supermodelo Kendall JennerEn el pasado, ha trabajado con Crocs, la marca detrás de los zuecos de goma, y ​​lanzó una línea de zapatos que brillan en la oscuridad en el 2020. Se agotaron en minutos. Su última colaboración con Adidas, el calzado deportivo “Paso Fino,” se vendió a $160 cada uno, está actualmente agotado.

Esa fue la decimocuarta zapatilla de Bad Bunny con la firma alemana. Otras marcas se acercaron, pero sólo Adidas ofreció dirección artística. «Él inspira a muchas personas, no sólo a nivel local, sino en todo el mundo», dice Torben Schumacher, director general global de Adidas Originals.

Antes de ser una superestrella mundial, Bad Bunny era simplemente Benito, un estudiante de comunicación audiovisual de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. Cuando no estaba en clase, empacaba abarrotes en las tiendas Econo y creaba canciones de trap latino que subía a SoundCloud, una plataforma de distribución en línea.

Todo cambió en el 2016, cuando su lanzamiento de trap “Soy Peor” lo transformó en un nombre conocido. La fama total llegó tras el lanzamiento de “Diles Remix” el mismo año. En el 2018, Bad Bunny colaboró con algunos de los nombres más grandes en la industria, incluyendo Drake, Cardi B y J Balvin. Apenas unas semanas antes de los confinamientos por la pandemia del Covid-19, se unió a Shakira y Jennifer López en el show de medio tiempo del Super Bowl del 2020 en Miami. Durante la cuarentena, transmitió videos en vivo en Instagram, donde tiene 46,8 millones de seguidores, y lanzó su álbum lleno de colaboraciones titulado Las que no Iban a Salir.

“Cuando te va como a Bad Bunny, puedes vivir de la música”, dice el artista. Pero no estará satisfecho solo con eso. Habrá más asociaciones de marcas sorprendentes, rodajes como actor y, en el futuro, su propia marca de moda. Todo sin olvidar a Puerto Rico.

Su isla natal es fundamental para su imagen y sus negocios. En el 2021, se convirtió en copropietario de los Cangrejeros de Santurce, un equipo local de baloncesto profesional. Para apoyar el talento local, ha creado una agencia de gestión deportiva llamada Rimas Sports.

También está construyendo una organización benéfica. En el 2018 creó la Fundación Good Bunny, una organización sin fines de lucro de San Juan que apoya oportunidades artísticas y deportivas para niños de Puerto Rico. Ha donado aproximadamente $2 millones en los últimos dos años. “La clase artística en Puerto Rico es una que, muchas veces, se encarga mucho en la isla. Por la ausencia del gobierno en la isla, tomamos ese rol de llenar ese espacio,” dice el artista.

Queda por ver si Bad Bunny tiene el poder de permanencia de décadas como Madonna o Prince. Pero no espere que pase demasiado tiempo relajándose junto a la piscina en una de sus mansiones. Siente su obligación hacia esos millones de fanáticos, tanto en línea como fuera de ella. “La fama,” dice, “me lleva a seguir trabajando”.

*Reportaje de Maria Gracia Santillana Linares.

Fuente: https://forbes.es

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