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¿Por qué no recordamos nada de lo que vivimos hasta los 4 años?

¿Por qué comenzamos a recordar o tener memoria a partir de los 3 o 4 años? ¿Por qué no podemos acordarnos de cuándo gateábamos? O de nuestra primera comida sólida. Y el beso de un abuelo que ya no está más y no tenemos memoria de él.

Tu primer intento torpe de gatear. Esa primera sensación de comida sólida. Quizás incluso el primer abrazo en los brazos de tu madre. Puede que no los recordemos, pero una investigación sugiere que nuestro cerebro todavía tiene esos recuerdos almacenados.

Un nuevo estudio realizado en animales en el Trinity College Dublin puede tener una pista de ello. La investigación involucra modelos inmunológicos del trastorno del espectro autista (TEA) en ratones ha revelado el sorprendente papel que desempeña el sistema inmunológico de la madre a la hora de moderar el acceso a los recuerdos de las primeras experiencias de la vida en lo que se conoce como amnesia infantil.

Los hallazgos publicados en la revista Science Advances no sólo podrían ayudarnos a comprender (o incluso acceder) a estos preciosos momentos, sino que también explican en cierta medida por qué algunas personas con autismo tienen una extraña habilidad para recordar eventos de épocas que la mayoría de nosotros hemos olvidado hace mucho tiempo.

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«La amnesia infantil es posiblemente la forma de pérdida de memoria más ubicua pero subestimada en humanos y mamíferos. A pesar de su amplia relevancia, se sabe poco sobre las condiciones biológicas que sustentan esta amnesia y su efecto sobre las células engramas que codifican cada recuerdo. Como sociedad, asumimos que el olvido infantil es un hecho inevitable de la vida, por lo que le prestamos poca atención», precisó el neurocientífico del Trinity College de Dublín, Tomás Ryan.

Es que nuestra autobiografía mental suele comenzar en algún momento entre nuestro tercer y cuarto cumpleaños. Y no es que nuestros cerebros sean incapaces de percibir el mundo antes de esta edad. Los estudios en ratas también sugieren que nuestros cerebros son totalmente capaces de formar recuerdos, guardándolos en una biblioteca neurológica en forma de estructuras llamadas engramas.

Los investigadores están buscando conocer los mecanismos que hacen que esos recuerdos sean inaccesibles para volverlos a nuestra memoria. Y se han encontrado con algunas pistas ocasionales. La amnesia infantil se ha prevenido en ratas mediante el uso de productos farmacéuticos dirigidos a neurotransmisores específicos, así como el uso cronometrado de corticosteroides, lo que implica fuertemente que las mareas de la bioquímica erosionan activamente las vías hacia los recuerdos a largo plazo.Lee también


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Entonces Ryan y su equipo centraron su atención en los cambios ambientales gobernados por el sistema inmunológico de la madre. Ya se sospechaba que influye en la aparición de características asociadas con afecciones neurológicas, incluidos el TEA y la esquizofrenia, y se plantearon la hipótesis de que la activación inmune materna (MIA) también podría incidir en las vías asociadas con la amnesia infantil.

Los científicos utilizaron ratones jóvenes y adultos condicionados para temer a una descarga eléctrica, y los compararon con otros animales nacidos de madres en las que habían producido una respuesta inmune a mitad del embarazo.

Los descendientes masculinos de estas madres no solo mostraron signos de déficits de comportamiento social, similares a las personas con TEA, sino que también hubo evidencia de que recordaban eventos aterradores durante mucho más tiempo que sus hermanas y los ratones de control.

Pruebas adicionales utilizando ratones transgénicos que portaban un gen que etiquetaba las neuronas de la memoria revelaron diferencias críticas en las estructuras y tamaños de los engramas de los machos MIA en un área del hipocampo llamada giro dentado, que ya se entiende que es fundamental en la formación de la memoria.

La clave del proceso parece ser una pequeña proteína inmune llamada citocina IL-17a. Los ratones macho nacidos de madres diseñadas sin esta proteína todavía experimentaron amnesia infantil cuando se provocaron las mismas respuestas inmunes durante el embarazo.Lee también


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No está claro por qué los cerebros de los mamíferos desarrollaron un «interruptor de olvido» en sus primeros momentos, aunque ahora que los mecanismos en funcionamiento son evidentes, los investigadores están un paso más cerca de comprender por qué los recuerdos permanecen accesibles en algunas mentes y desaparecen en otras.

«Las trayectorias tempranas de desarrollo de nuestro cerebro parecen afectar lo que recordamos u olvidamos a medida que avanzamos en la infancia», dijo la neurocientífica Sarah Power, autora principal del estudio que ahora trabaja en el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Alemania.

«Ahora esperamos investigar con más detalle cómo el desarrollo afecta el almacenamiento y la recuperación de los recuerdos de la primera infancia, lo que podría tener una serie de importantes repercusiones tanto desde una perspectiva educativa como médica», concluyó.

Fuente: www.mundodeportivo.com

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