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Edgar Ramírez: «El boxeo me cambió la vida»

«El boxeo no tiene nada que ver con la agresividad y la violencia, es de las actividades más civilizadas que existen porque es un deporte principalmente mental: la pelea se gana y se pierde en la cabeza», asegura entusiasmado el actor venezolano Edgar Ramírez antes del estreno, en agosto, de «Hands of Stone», donde interpreta al legendario boxeador panameño Roberto «Mano de Piedra» Durán.

Ramírez, parte de la avanzada latina que ha logrado poner pie en Hollywood con películas como «The Bourne Ultimatum» o la más reciente «Joy» y que se ha puesto en la piel de personajes como Illich Ramírez («El Chacal») en la miniserie «Carlos», o de Simón Bolívar en la superproducción «Libertador», se encuentra en el Festival de Panamá para acompañar la película venezolana «Desde allá», ganadora del León de Oro en Venecia el año pasado y de la que fue uno de los productores.

Sin embargo, en Panamá todas las expectativas están puestas en el próximo estreno de la coproducción estadounidense-panameña acerca de su máximo héroe deportivo dirigida por el venezolano Jonathan Jakubowicz y cuyo elenco completan Robert DeNiro como su entrenador, Ray Arcel; Usher como el boxeador estadounidense Sugar Ray Leonard y el músico panameño Rubén Blades como Carlos Eleta, promotor de «Mano de Piedra».

«Los puños son sólo la extensión de una estrategia. Lo último que puedes hacer es sentir animosidad contra tu contrincante, porque eso te juega en contra. Al final, el boxeo es como un combate contigo mismo. Termina siendo muy meditativo. A mí me cambió la vida», dijo Ramírez, quien sigue practicando este deporte, en entrevista con un grupo reducido de medios en Panamá.

Para convertirse en «Mano de Piedra», Ramírez se mudó por un año y medio a Panamá, donde mantuvo varios encuentros con Roberto Durán e incluso entrenó junto a él y su hijo, «Roby» Durán. La película se centra en el legendario enfrentamiento entre el panameño y Leonard: Durán ganó la primera pelea en junio de 1980 en Montreal pero, para sorpresa de sus fanáticos, se retiró de una revancha pocos meses después en Nueva Orleans con la frase «no más».

«Más que un gran deportista, Durán fue un gran unificador de la identidad panameña. Unió al país en un momento muy importante. De ahí el mito. Hasta que no lees los matices y cómo se formó la identidad panameña del país, no entiendes la devoción tan grande por Roberto Durán», señaló el actor en referencia a que las peleas entre los dos boxeadores se dieron pocos años después de la firma del tratado Torrijos-Carter entre los presidentes de Panamá y Estados Unidos, donde se establecía el fin de la presencia colonial norteamericana sobre el canal.

«Ellos no solo iban a pelear por un título, un cinturón o el dinero; ahí se iban a dirimir muchas disputas de muchísimos años, especialmente del lado de Durán», comentó Ramírez. «El canal era una zanja, una herida en Panamá que a la vez nutría su existencia y mataba su orgullo y su amor propio».

Para el actor, es allí donde reside gran parte de la fascinación que produce el boxeo. «En ese enfrentamiento primario entre dos hombres o dos mujeres proyectamos muchas de nuestras emociones, nuestros deseos de triunfo, nuestras frustraciones. El boxeo aglutina todas esas emociones de dos personas que están allí batallando, combatiendo. Es una experiencia de catarsis para la gente que lo ve».

Si bien Ramírez estrechó su relación con Roberto Durán, asegura que el legendario boxeador le aportó más claves para componer el personaje con sus silencios que con sus afirmaciones. «Roberto siempre me dijo que su vida es una historia de risas y lágrimas. Él es un hombre que aún cuando es muy extrovertido y locuaz, un hombre con un carisma enorme, no habla mucho de sí mismo», apuntó. «Creo que en sus omisiones hubo mayor elocuencia y se lo agradezco. En las rendijas hubo mucho más información».

Fuente: www.diariolasamericas.com

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